Susana


 


 

 

Y no sólo yo estoy encantada y lo recomiendo a todo el mundo, sino que lo notan todos los que me ven y me dicen: ¡estás estupenda, Susana! Y cuando les cuento los beneficios de la apiterapia de Adela, se quedan boquiabiertos. Lo nota todo el mundo, mis amigos, mi familia que está encantada, como mi novio...Además de todo lo expuesto, aun hay más: tengo el pelo menos graso y con un brillo excepcional, mi piel ha mejorado muchísimo, está más fina y luminosa, tengo más ganas de trabajar y una capacidad de sacar las tareas adelante de la que antes carecía, la talla de mis pechos ha aumentado, así como mi masa muscular (¡estoy más cachas!, aunque no más gorda, sino más fibrosa), no sufro ningún dolor de cabeza, y tengo mayores ánimos para hacer las cosas (antes tenía la moral bastante baja)... Practicaba natación y ahora rindo muchísimo más en la piscina.Y no pararía de contaros. Cada día estoy más contenta de haber conocido a Adela y a sus abejas. Es increíble notar cómo un animalillo tan pequeño como la abeja, pueda curarte de tantos males de los que no te sacan adelante los medicamentos. Y no sólo en mí, conozco a otros pacientes en los que voy viendo y oyendo sus cambios y esto es increíble, de verdad. Una amiga mía ha conseguido regularizar su menstruación por completo. Antes tenía que pasar dos días en cama cada mes y padecer muchas molestias por este motivo. Sinceramente, si me lo dicen y no lo pruebo, quizá no lo hubiera creído. Pero espero que me creáis, pues he procurado reflejar fielmente mis cambios sin añadir nada que no haya sentido en mi salud que ahora, es realmente magnífica. Gracias abejitas. Muchísimas gracias, Adela.

 


 

Me llamo Susana Luján y soy de Sta. Eugenia de Berga, cerca de Vic, provincia de Barcelona. Todo empezó cuando consulté a Adela por un problema que tenía en la piel. Por aquellos días yo ya estaba cansada de aplicarme cremas, lociones, preparados medicinales, y potingues varios que no surtían el efecto deseado. Adela me explicó desde el principio por lo que iba a pasar y los efectos que a medio plazo iba a notar. Al principio me resultaba extraño oirla, pues las abejas me daban un poquito de miedo, pero proseguí unas sesiones, pues me iba encontrando mejor. Lo cierto es que al principio el dolor me parecía un poco intenso, pero en seguida remitía. En la cuarta sesión, los ataques de migraña que padecía frecuentemente desaparecieron: ¡Adela tenía razón! ¡No era sólo un problema en la piel como yo pensé al principio, sino un desorden orgánico! Realmente, comprobé lo que ella me exlicaba, que mi sistema inmunológico estaba agredido. A partir de la quinta sesión mi piel toleraba mejor las picaduras. Ahora, a las pocas horas de someterme a ellas ya desaparece el enrojecimiento local que las acompaña y no siento picor en la zona.